En marzo se cruzan dos fechas que invitan a reflexionar sobre nuestro bienestar: el Día Internacional de la Mujer y el Día de la Abstinencia Digital. Juntas abren una conversación importante sobre cómo usamos la tecnología y cómo ese uso impacta de forma distinta en la vida de las mujeres.
¿Has escuchado hablar sobre tecnoadicción?
Una tecnoadicción no significa simplemente usar mucho el celular. Se habla de tecnoadicción cuando el uso deja de ser una elección y empieza a sentirse como una necesidad: cuando cuesta trabajo soltar el teléfono, cuando genera ansiedad no revisarlo o cuando empieza a afectar el descanso, el ánimo o la concentración. Estas señales se parecen a otros patrones de conducta adictiva descritos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de American Psychiatric Association.
Diversos estudios académicos han encontrado que, en las mujeres, el uso problemático de la tecnología se relaciona con mayor frecuencia con redes sociales y mensajería. Por ejemplo, Kuss y Griffiths (2017), en una revisión publicada en International Journal of Environmental Research and Public Health, explican que las mujeres tienden a presentar mayor vulnerabilidad al uso excesivo de redes sociales por su componente relacional y de interacción constante.
Estar siempre “al pendiente” no siempre es presión externa; muchas veces es amor expresado en forma de presencia inmediata. Muchas mujeres revisan el celular de forma constante, incluso cuando están acompañadas, o sienten ansiedad al no recibir mensajes o notificaciones. A esto se suma la presión por la imagen personal y la comparación continua con otros cuerpos, estilos de vida y logros que aparecen en redes.
¿Por qué ocurre?
Las mujeres suelen otorgar un alto valor a las relaciones y a las señales sociales. La tecnología ofrece conexión inmediata, validación rápida y una sensación de pertenencia constante.
Además, niñas y adolescentes están expuestas a redes sociales desde edades cada vez más tempranas, lo que aumenta el riesgo de desarrollar un uso poco equilibrado. En muchos casos, el celular también se usa para evadir el estrés, el cansancio emocional o la soledad.
Prevención: cómo evitar que el uso se vuelva excesivo
1. Establecer horarios sin pantalla: La OMS (2021) subraya la importancia de reducir el tiempo sedentario y proteger el sueño. Apagar dispositivos al menos una hora antes de dormir mejora el descanso y la regulación emocional.
2. Identificar el motivo del uso: ¿Estoy usando el celular por necesidad real o para evadir una emoción? Reconocer esto fortalece la toma de decisiones consciente.
3. Activar espacios de conexión real: Programar momentos sin dispositivos en familia o con amigas fortalece vínculos cara a cara, que son un factor protector frente a conductas adictivas.
4. Modelar equilibrio en casa: Los niños aprenden por lo que ven. Limitar el uso frente a ellas es una estrategia preventiva directa.
5. Desarrollar autoestima fuera de la validación digital: Twenge (2019) advierte que la comparación constante en redes puede impactar el bienestar. Fomentar actividades presenciales, hobbies y metas personales fortalece la identidad
Una diferencia importante
Mientras que en los hombres es más común encontrar problemas relacionados con videojuegos y juegos en línea, en las mujeres los síntomas de adicción aparecen con mayor frecuencia en el uso de redes sociales y mensajería. La forma es distinta, pero el impacto en el bienestar puede ser igual de serio.
La abstinencia digital no significa dejar la tecnología por completo, sino aprender a usarla con equilibrio. Apagar el celular por momentos, poner límites al tiempo en redes y recuperar espacios de convivencia real ayuda a cuidar la salud emocional. En el marco del Día de la Mujer, hablar de desconexión también es hablar de autocuidado. Reconocer cuándo la tecnología empieza a afectar nuestra vida es un paso importante para construir bienestar a largo plazo.